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Del Dinamo Zagreb desde pequeñitos | Día 10

Hoy es el último día de nuestra ruta veraniega 2022 por Croacia y Bosnia, y que lo cerremos en Zagreb no es casual, sino causal. ¿El motivo? Que este sábado de mediados de agosto se jugaba en el Estadio Maksimir el gran derbi del fútbol local, lo que sería para los croatas su Madrid-Barça (o su Chivas-América): el Dinamo Zagreb contra el Hajduk Split. Uno tiene sus filias, y la otra se las transige porque en parte, en su vertiente más sociológica, también las disfruta. Cuando supimos que el último día de nuestra ruta coincidía con el partido, acomodamos las paradas para poder estar aquí hoy.

Antes del fútbol, el turismo

Pero antes del partido, que se ha jugado a las 21.00 h, hoy tenía que ser el día en que nos hiciéramos una idea exprés de cómo es Zagreb. Más allá de lo poco que la vimos ayer, hoy la hemos explorado con denuedo aunque nos hemos quedado con ganas de verla más y mejor. Así habrá próxima vez. Bueno, eso es lo que nos decimos de los muchos sitios que sentimos que no hemos visitado del todo bien (¿todos? ¿es acaso posible conocer algún sitio del todo bien?).

El caso es que hemos disfrutado de un fantástico desayuno buffet muy clásico en nuestro hotel clásico y nos hemos temido lo peor: el día se levantaba gris y la lluvia amenazaba con estropearnos nuestro día final de viaje. Ha sido, por suerte, solo un amago. Las cuatro gotas matutinas han servido para refrescar el ambiente y que el pasear por la ciudad de todo el día fuera más placentero, mucho más fresco, en absoluto agobiante.

El free walking tour, nuestra píldora de realidad de Zagreb

Como ya hiciéramos antes en Sarajevo y en Dubrovnik, en Zagreb también hemos decidido que el mejor atajo para adentrarnos en la realidad de la ciudad era mediante un tour gratuito (con su correspondiente propina final, claro). Doris ha sido nuestra guía, y como ya pasara con Leila, la guía de Sarajevo, las telenovelas han sido las culpables de que el español figure entre los idiomas que domina. El paseo nos ha servido para conocer la ciudad baja y la ciudad alta, los dos barrios más céntricos y con más historia de la ciudad. Es la zona peatonal, la de los cafés bonitos, los bares con happy hour, los monumentos, los restaurantes y las tiendas de souvenirs. La zona que pisan y pasean los turistas, vaya. Evidentemente, Zagreb es mucho más que eso, pero eso es lo que explica mejor su esencia histórica y sus orígenes.

En cualquier caso, estos dos barrios no se sienten como territorio ajeno para los locales. Hay muchos que los frecuentan. Y como muestra de ello está el Mercado Dolac, el más importante y céntrico de la ciudad, al que los turistas le hacemos muchas fotos y los locales van para hacer sus compras diarias. La guía nos ha contado que Zagreb está llena de mercados en todos sus barrios, pero que este es el principal. Uno de los símbolos de la ciudad, de hecho, son las sombrillas rojas que salvan del sol —o de la lluvia— a cada uno de los puestos.

El terremoto en Zagreb durante el confinamiento

Durante el tour nos sorprende encontrarnos tantos edificios en reconstrucción. «Es por la guerra», se aventura a elucubrar uno de los que hacía el tour con nosotros. Pero no, claro, la guerra queda demasiado atrás y estas heridas son mucho más recientes. Al parecer, en 2020, un par de semanas después de la llegada del virus a Europa, hubo un terremoto que descompuso parte de la ciudad. Por suerte, las víctimas fueron muy pocas, pero el panorama de la ciudad se vio afectado hasta la actualidad.

Doris nos ha contado cómo fueron esos días de tremenda incertidumbre, en los que tuvieron que salir de sus casas pese a estar en plena cuarentena. Es imposible recordar que la noticia del terremoto apareciera en las noticias esos días. El monotema de entonces opacaba cualquier otra cosa que pudiera ser también importante.

El cañonazo que marca el mediodía

Zagreb tiene una parte alta en la que se sitúan sus edificios gubernamentales, algunos museos y una torre en la que cada día a las 12.00 h un artillero dispara un cañón. Las razones históricas del cañonazo, que las hay, son lo de menos. En la actualidad, el disparo sirve para asustar a los turistas y marca el punto del mediodía a los locales.

Doris nos puso en sobreaviso debajo de la torre: «Los que conocéis las fallas y venís de Valencia quizás no os asustaréis». Creíamos que exageraba sobre lo estruendoso del momento, pero no. Nosotros, y la mayoría de los turistas que allí nos congregábamos, hemos dado un pequeño salto por lo inesperado y atronador que ha sido el cañonazo.

Cocina moderna y contemporánea croata para almorzar

Tras el tour llegaba el momento de comer. Como hiciéramos ayer para cenar, hemos escogido un local regentado por jóvenes croatas, con un aire vanguardista y moderno. En el Market Street Food hemos disfrutado de uno de los mejores almuerzos del viaje: un risotto (¡otro risotto!) de calabacín y unas albóndigas con pimiento y puré de patata. Buenísimo.

Y además, hemos conocido uno de los vinos que a partir de ahora y por siempre figurará en nuestra lista de preferidos: el Korlat croata, un tinto de uva Syrah que estaba buenísimo. Antes del partido del Dinamo Zagreb, teníamos un último objetivo: conocer el museo más insólito, y a la vez el más visitado, de la ciudad. El Museo de las Relaciones Rotas es una rareza interesantísima, que habla a través de objetos cotidianos de las personas y de sus relaciones con otras personas.

A cada objeto lo acompaña una historia, y las hay bonitas y tristes y graciosas y curiosas, como la vida. Lo interesante del museo es, también, que contiene objetos e historias de lugares de todo el mundo. Y uno se da cuenta de que pese a todo, pese a las barreras culturales e idiomáticas y de todo tipo, en lo esencial, en todos los países, somos extraordinariamente parecidos.

Dinamo Zagreb – Hajduk Split como colofón del viaje

El punto final del día y del viaje ha sido el partido de fútbol entre el Dinamo Zagreb y el Hajduk Split. Que más allá del abultado resultado favorable para los de Zagreb (4-1), y del descubrimiento del futuro Luka Modric (un tal Baturina, de solo diecinueve años), nos ha servido para ver cómo el fútbol se vive muy distinto en Croacia. Era el partido de máxima rivalidad del país, pero muy pocos parecían estar al borde del colapso. En el equivalente español, los madridistas y los culés vivimos el partido como si la vida se acabara en caso de derrota.

Ha sido una experiencia divertida y auténtica. Ver el fútbol con los locales, en este caso los aficionados del Dinamo Zagreb, le acerca a uno a su hábitat natural y explica muy bien su carácter y forma de ser. Hemos vuelto al hotel en el tranvía rodeados de seguidores cantando la victoria de los suyos con un par de cervezas de más y nos hemos dormido rápido porque mañana toca madrugar para volver a casa en un par de etapas. Ya echamos de menos Croacia y Bosnia. Pero sobre todo, ya echamos de menos viajar.

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