Islandia, esa isla volcánica entre Estados Unidos y Europa, es el objeto de estudio de John Carlin en Crónicas de Islandia, una disección en tres actos de la realidad de un país sin igual. El libro es una suerte de gran reportaje, un agregado de momentos que componen una fotografía muy clarificadora del país. Crónicas de Islandia es un ejercicio periodístico pero también antropológico, casi una arqueología de la sociedad islandesa moderna, en el que John Carlin se obliga a ponerse ―de manera figurada― las gafas de sol para no ser deslumbrado por el rubio de esos islandeses, para no acabar cegado por la perfección desbocada de una sociedad ejemplar.
La ejemplaridad de un país de 380.000 personas
John Carlin se declara admirador del país en las primeras páginas de Crónicas de Islandia. Él, que es británico, que creció en Argentina, que ha hecho su carrera periodística en España, que ha viajado por tantos lugares, encuentra en Islandia “la cima de la evolución humana”. La hipérbole de la conclusión, que expone en el prólogo, es su declaración de intenciones: quiere evangelizarnos, convertirnos a su religión, que le prometamos amor eterno al país. Y lo cierto es que lo consigue ―con matices―. Al libro le falta algún reproche, la cara de la moneda que Islandia no quiere enseñar. ¿O será que las monedas islandesas solo tienen una cara (bonita)? Quién sabe.
El caso es que en Crónicas de Islandia aparecen muchas caras, una decena de personajes que acompañan al autor. El primero es Eidur Guðjohnsen, el que fuera futbolista del Barça, que pone a John Carlin sobre la pista de la certeza que recorre las páginas del libro: que Islandia es el mejor país del mundo. Después del exfutbolista aparecen políticos, cineastas, artistas, empresarios. Todos están cortados por el patrón de la ejemplaridad, de la aparente perfección. Son impolutos, brillantes, políglotas, altos, amables. Son 380.000 personas que podrían haber salido de una probeta, “un experimento de cómo mejorar la especie”, según comenta el propio Carlin.
La crisis de 2008 y la nación de las mujeres
John Carlin nos presenta en Crónicas de Islandia una sociedad muy particular, el híbrido de lo mejor de los Estados Unidos y de Europa. Islandia tiene también un poco de la cultura tribal de los africanos. ¿Quién iba a pensar que Islandia y África fueran siquiera comparables? El periodista viaja por primera vez en 2006 al país, y escribe una tanda inicial de crónicas. Después, en 2008, repara en la grave crisis económica que azota al mundo, y que Islandia sufre con especial intensidad. Los islandeses se habían acostumbrado a bañarse en champán y se olvidaron de que, un par de décadas atrás, apenas si podían permitirse salir a comer fuera de casa.
En la parte final del libro, con Carlin volviendo a Islandia en 2012, el protagonismo es de las mujeres, que son las que se han puesto al frente de la reconstrucción del país. John Carlin dibuja una Islandia en la que las mujeres tienen hijos muy pronto, en su etapa universitaria, y se juntan y se separan varias veces a lo largo de su vida. Fue una mujer, una cantante, Björk, la que puso a Islandia en el mapa con su música inclasificable y su aura de vanguardismo incomprensible y sugerente. La música de Björk conecta con la reflexión que hace uno de los protagonistas del libro: “Islandia es el mundo de las pesadillas de Goya: bello pero grotesco”.
Un par de citas
«Pienso en Islandia y me brillan los ojos. Como sociedad representa la cima de la evolución humana».
«Islandia, me dio la impresión desde el momento en que llegué, es una especie de laboratorio humano gigante […] aislado y alejado del resto del mundo, es como una gran burbuja de aire puro en la que se llevan a cabo experimentos sobre cómo mejorar la especie».
Datos básicos
- Crónicas de Islandia
- John Carlin
- La Línea del Horizonte Ediciones (2016), 128 p.
Léelo si vas a viajar a…
Islandia.