Teníamos todo tan bien pensado y planeado, que estaba claro que algo iba a pasar que nos iba a obligar a replantearlo. Ayer llegamos a nuestra nueva parada en la India después de una larga travesía montañosa. El cielo amenazaba lluvia en Darjeeling desde que empezamos a escalar con el jeep; y a mitad de camino, se vino una tromba enorme de agua. Luego se quedó en chirimiri ligero y ya instalados, y cuando salimos a pasear el centro de la ciudad por la tarde, la gradación de los chubascos volvió a aumentar. Lo peor es que parecía que la cosa no iba a quedar ahí: la aplicación del tiempo —tan fiable cuando no quieres que lo sea, y viceversa— indicaba que nos iba a llover también hoy y mañana. Así que van a ser tres días en Darjeeling pasados por agua, acompañados por la lluvia.
Pese al fastidio del clima, un poco de té
Lo cual es un auténtico fastidio. Porque Darjeeling es un lugar para caminar de arriba hacia abajo, hacer excursiones, desplazarse y, sobre todo, admirar sus hermosas panorámicas. Cuanto hemos podido admirar ha sido una neblina espesa que no dejaba adivinar qué había en el horizonte. Por eso hemos tenido que cancelar el plan de ir a contemplar el amanecer a una colina cercana, desde la que aseguran que se ve a lo lejos el Kanchenjunga, la tercera montaña más elevada del planeta. Tampoco podremos hacerlo mañana, porque amenaza lluvia a esa hora en Darjeeling y sería un fastidio triple tener que madrugar muchísimo, pagar un taxi hasta allí y volverse de vacío.
Pese a la lluvia, estamos procurando hacer lo que queríamos, aunque todo resulte deslucido. Por ejemplo, hoy hemos visitado una plantación de té que queda a media hora del centro de Darjeeling. La ciudad es mundialmente conocida por su té, cultivado durante todo el año y exportado a todo el mundo. Es un té de calidad, aromático, con sabor, al que no hay que añadirle nada. “Si acaso un poco de azúcar, pero nunca leche”, nos explica la guía. Es algo que no acaban de entender los indios, especialmente. Ellos siempre le ponen leche o crema a su té; por ejemplo en el riquísimo masala chai. Por eso, un chico de una tienda especializada trataba de explicarle a una clienta que la leche no le queda bien al té de Darjeeling: “Hay que degustarlo solo”. Otro indio le ha creído médico al vendedor: “¿Entonces el té es básicamente bueno para la salud?”. La paciencia del chaval era de admirar.
Del calor de Calcuta al frío de Darjeeling
Aquí en Darjeeling, además de llover, hace mucho frío. Estamos a más de 2.000 metros de altura y las temperaturas no superan los quince grados. Esto, en comparación con Calcuta, es Siberia. Y no venimos preparado para este clima. Nuestra chaqueta-chubasquero del Decathlon se ha visto obligada a hacer horas extra. Darjeeling tiene aroma de té y forma de ciudad montañosa. Como lo sería cualquiera de los pueblos de los Alpes o de los Pirineos. La gente es amable, tranquila y se parece en algunas cosas al resto de indios, y muy poco en otras. Hasta la comida callejera parece apetecible. También su repostería. En Darjeeling abundan las pastelerías.
Además de por todo esto, Darjeeling es reclamo turístico por su famoso tren de juguete, el Himalayan Railway, que está considerado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Desde Siliguri tarda más de siete horas en recorrer los ochenta kilómetros que hay de distancia entre las dos cuidades. Es un tren en la práctica poco útil, que tiene su sentido de ser como tren turístico. Hace recorridos de dos horas desde Darjeeling hasta Darjeeling, pasando entre medio por Ghoom, una localidad a siete kilómetros que presume de tener la estación ferroviaria más alta de toda la India. Mañana, con lluvia o sin lluvia, queremos montarnos en el tren de juguete. Si no quedan tickets puede que decidamos seguirle el trayecto andando a su lado; como se despiste lo dejamos atrás.