Buscar

El tren de juguete entre las montañas de Darjeeling | Día 37

Si ayer la lluvia nos fastidiaba, hoy solo han sido las nubes las que se han encargado de molestarnos. El escenario que rodea a Darjeeling ha continuado siendo decepcionante. Hoy, en algún momento del día, hemos conseguido intuir que detrás de esa neblina a ratos, nubes casi siempre, había enormes montañas que dibujan todo el horizonte de la ciudad en cualquier dirección. No acabamos de estar seguros si hubiésemos preferido que las nubes cubrieran el cielo todo el rato. Porque el ver un poquito, descubrir lo mucho que hubiésemos disfrutado de las vistas de haber hecho buen tiempo, ha sido una decepción mayor. En cualquier caso, el mejor clima sí que nos ha animado a primera hora para salir en busca de nuestros billetes —carísimos— para montarnos en el Darjeling Himalayan Railway, el tren de juguete que recorre un rato las montañas.

Pasajeros, al tren (de juguete) que recorre las montañas

Casi sin esperanzas de poderlos conseguir por habernos hecho un poco los remolones de más, hemos llegado veinte minutos antes de que el tren partiera… ¡Y premio! Aún había billetes. Nos hemos tomado un té y hemos empezado a hacerle fotos a todo: a los vagones, a la locomotora, a la gente, a la estación, al ritual de preparación del viaje. Era todo tan divertido. A las 10.00 h puntuales ha salido el tren, de dos vagones pequeñitos y una locomotora de vapor muy vintage y ruidosa.

El viaje ha sido divertido, y lento. Pero de eso se trata el tren de juguete que se pasea por las montañas de Darjeeling, de hacer un rato el guiri acompañado de muchos más guiris. La mayoría, por cierto, eran indios. Todos bien preparados para combatir el frío que nunca tienen en sus ciudades y con cámaras buenísimas que parecían no saber cómo usar. El tren llega hasta el cercano pueblo de Ghoom y vuelve al punto de partida. Explicamos más sobre el Toy Train en este artículo.

La última noche en la India

A la vuelta hemos seguido haciéndole fotos al tren desde todos los ángulos y luego hemos ido a comer momos, dumplings a la nepalí, como para empezarnos a habituar a lo que va a venir. Estaban muy ricos. El futuro gastronómico del viaje resulta esperanzador. Por lo demás, no sabemos si ningún país de los que nos quedan por visitar va a ser tan intenso y emocionante —e impactante, complicado, incomprensible, abrumador— como la India.

Nos atreveríamos a poner la mano en el fuego porque no va a ser así. La India nos ha dado muchos motivos para abandonarla, cada día. Pero ahora que estamos tan cerca de dejarla atrás, empezamos a echarla de menos. Nuestra última tarde en Darjeeling la hemos pasado cambiando el té por el café. Eso sí, acompañado también de bollería en cantidades muy generosas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.