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El Seúl tradicional en Bukchon y el palacio Changdeokgung | Día 3

Hace tiempo aprendimos que el viaje, para ser pleno, a veces requiere de poner la alarma más pronto que en los días laborables. Hace un par de veranos, en Mostar, la estrategia nos sirvió. Salimos a las calles de la segunda ciudad bosnia a eso de las seis de la mañana, y pudimos cruzar solos su fotografiadísimo puente. Hoy hemos repetido estrategia para conocer el barrio más tradicional de Seúl, Bukchon, que a partir de las diez de la mañana se comenta que es un hervidero de turistas que desnaturaliza su belleza.

El despertador ha sonado a las seis y diligentes, pese a que el jet lag nos tuvo en vela hasta tarde, hemos saltado de la cama y hemos tomado el metro. La estación más cercana al Bukchon Hanok Village de Seúl es la de Anguk (en la línea 3), desde donde hay que caminar apenas cinco minutos. Antes de las siete ya estábamos tomándonos fotitos de puro postureo. Las calles estaban desiertas. Acaso algún local aquí y allá aparecía para darle más carisma y autenticidad a la escena.

La Corea y el Seúl más tradicional, y de verdad, en Bukchon Hanok Village

Bukchon Hanok Village es una muestra fantástica de la arquitectura tradicional coreana. El barrio, que sigue vigente como área residencial, conserva todo su encanto porque es de verdad. No es un museo ni una representación: es el hogar de muchos habitantes de Seúl. Por eso, la ciudad tiene normas bastante estrictas para visitarlo. Hay un par de zonas que están vetadas al turista entre las cinco de la tarde y las diez de la mañana siguiente. Una de ellas es la calle 11, la más fotografiada. La calle 12, otra de las más icónicas, es zona amarilla: se puede visitar a deshoras, pero en estricto silencio.

Para confirmar que se cumple la normativa municipal y que los turistas respetan el toque de queda, hay guardias que te indican que estás infringiendo la ley. Lo hacen, eso sí, de manera muy amable, invitándote a salir de la zona roja hasta la hora permitida. El estilo coreano es de diligencia pero amabilidad. Nos hemos pasado más de dos horas recorriendo en Bukchon el Seúl más tradicional, experiencia que hemos completado tomando nuestro café matutino en Onion Café, un local con dulces (todos con gluten) muy ricos y en el que se consume sentado en el suelo, siguiendo la tradición coreana.

El palacio Changdeokgung y la dinastía Joseon

Bukchon queda justo en medio de los dos palacios más importantes de Corea del Sur, las dos principales residencias históricas de los reyes de la dinastía Joseon, que gobernaron la Corea unificada durante varios siglos. Hoy martes está cerrado el de Gyengbokgung, el más visitado. Por lo tanto, nos conformamos con recorrer el de Changdeokgung. El recinto es magnífico, está impecablemente conservado y la entrada es muy asequible. Todo son ventajas. Cuesta menos de dos euros, y unos tres euros más si se visitan los jardines, que son de hecho la parte más espectacular del complejo.

Es habitual que muchos turistas, tanto locales como extranjeros, se vistan con los trajes tradicionales coreanos para visitar los palacios. Alquilan los trajes y se disponen a transportarse en el tiempo y a mimetizarse con el escenario. Los coreanos son excelentes creando ficciones, y saben que a los occidentales nos encantan las buenas ficciones. Por eso los k-dramas, los culebrones coreanos, son tan seguidos en tantos países. Y por eso, por ejemplo, la primera producción de habla no inglesa en ganar el Oscar a mejor película es coreana: la magnífica Parásitos de Park Chan Wook.

Tradición, k-dramas y ficciones coreanas

Las ficciones están en todas partes en Seúl. En el metro, por ejemplo, donde los consejos y recomendaciones de civismo están contadas en forma de cortometrajes. Nuestra guía en los jardines de Changdokkung podría habernos dicho que era una famosísima actriz local y la hubiéramos creído. Con un humor negrísimo y toneladas de sarcasmo, y de efectos especiales, nos ha explicado algunos de los puntos más importantes del complejo palaciego. Esa genia merece un aumento, o una oportunidad en Hollywood.

El sol en todo lo alto es siniestro cuando no encuentra una nube que lo tape. Pasado el mediodía, y hasta muy entrada la tarde, el calor de Seúl le hace a uno sudar sin medida. Y el contraste con los aires acondicionados de los espacios interiores no está bien regulado. Nos compadecemos de todos los turistas que han escogido vestirse con el traje tradicional coreano para visitar el palacio en este martes de agosto abrasador.

Almuerzo también tradicional en el Manjok Ohyang Jokbal

Después de un paso rápido por el Jeondong Observatory, un mirador gratuito en el que se ve parte de la ciudad, la única comida del día la hacemos en el restaurante Manjok Ohyang Jokbal, que se ubica cerca del ayuntamiento y del propio mirador. Por unos 25 € (los dos) comemos en un restaurante recomendado por la Guía Michelin con su distinción Bib Gourmand, en una suerte de barbacoa coreana. Pedimos su plato estrella, la carne de cerdo, que nos traen acompañado de una decena de platitos de acompañamiento, entre los cuales está un riquísimo —y muy picante— kimchi.

De la mesa de al lado una pareja de turistas presumiblemente rusos se levanta cuando las camareras les traen toda esa cantidad de comida que no han pedido. Ellas, lost in translation, tratan sin éxito de hacerles entender que toda esa comida está incluida, que son sides que se sirven en cualquier almuerzo coreano sin coste extra alguno. Por eso es importante tratar de empaparse al máximo de los lugares que uno visita antes de llegar, para no demostrarse no solo un ignorante, sino sobre todo un maleducado.

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