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La foto en Stokksnes y el buen karma | Día 7

Hemos pasado la noche en el Viking camping con un claro objetivo: poder ver a primera hora del día las montañas de Stokksnes, uno de los puntos más fotogénicos de Islandia. Madrugamos mucho y combatimos el frío intenso para volver a reaccionar de la única manera posible ante tamaño espectáculo natural: “Wooow, wooow” y mil veces wooow. El agua hace de espejo y refleja la magnífica belleza de las montañas. Las fotografías son para enmarcar y le pedimos a nuestros dedos que aguanten un poco más sin congelarse para tomar la penúltima foto en Stokksnes. La mañana solo tiene una manera posible de mejorar, que procedemos a llevar a cabo: tomarnos un capuchino recién hecho y comernos un trozo de pastel. No hacemos la conversión, no queremos saber cuánto ha costado ese desayuno, nos da igual.

De la foto de Stokksnes a la disyuntiva en la ruta

Después de haber conseguido nuestra foto en Stokksnes, ha llegado el momento clave del viaje, un momento en el que tenemos que tomar una decisión que va a marcar lo que falta de ruta. Resulta que el norte del país, donde está todo lo que nos queda por visitar, lleva unos días de temporal de nieve que ha obligado a cortar de manera intermitente muchas de las carreteras, entre ellas la 1, la Ring Road que da vuelta a la isla. En el grupo los hay más precavidos que abogan por dar la vuelta y no arriesgar. También los hay más decididos —e inconscientes— que creen que hay que seguir el itinerario que nos hemos marcado y mantenerse esperanzados en que el clima y el estado de las carreteras mejore.

Ayer el tramo de la Ring Road que llega desde aquí a Akureyri, la ciudad más importante del norte y hacia donde nos dirigimos con una parada intermedia, estaba totalmente cortada. Revisamos el mapa de carreteras del servicio oficial de tráfico islandés y hacemos un doctorado exprés. La cosa funciona con un código de colores que indica el estado de las carreteras: el verde es que están en buen estado, el azul claro que hay algunas partes con hielo, el azul oscuro que es resbaladiza y tiene bastante hielo, el amarillo que hay nieve y el rojo que no se puede pasar. Ahora mismo, cuando partimos, no hay rojo pero tampoco verde más allá de Djúpivogur y Eskifjörður, que están unas dos horas al norte y que alcanzamos sin contratiempos, salvando alguna ráfaga de viento loca que agita toda la caravana.

Llegada a Egilsstadir, el límite del peligro

Nos marcamos como objetivo conducir media hora más y llegar a Egilsstadir para hacer noche ahí. La carretera que hay por delante está en azul claro y nos pone en alerta conforme la empezamos a transitar. Nos encontramos con algunos tramos de nieve y un poco de hielo. Nada especialmente peligroso, pero sí que obliga a extremar la precaución. El paisaje cambia radicalmente. Dejamos detrás los fiordos soleados, un paisaje magnífico en el que se mezclan el Atlántico, las montañas y muy de lejos la nieve. Esta parte de Islandia es mucho más salvaje, virgen y remota, mucho más inhóspita, con muchos menos turistas.

Nos hemos adentrado en el invierno de golpe. La nieve es una constante en las orillas de la carretera, en toda la panorámica que tenemos alrededor. Es pronto por la tarde y llegamos a Egilsstadir a un camping vacío, en el que no acertamos a encontrar el lugar perfecto para instalarnos. Queremos ser cautos y no adentrarnos demasiado, porque está el paso nevado y somos conscientes de que la noche es una incerteza climática. Nos quedamos cerca de la entrada del camping donde encontramos un poste de electricidad por el que pagamos. Nos instalamos con la certeza de que no va a llegar nadie más hasta aquí.

Los vallisoletanos de la electricidad

Sin embargo, avanza la tarde y comienzan a llegar vans y a colocarse donde pueden. Son unos osados o unos insensatos, ya sea que lleguen desde el norte o desde el sur. La carretera que nosotros hemos transitado hace un rato debe estar ahora mucho peor y la que viene del norte es imposible que esté en condiciones óptimas. Confirmamos nuestras sospechas con el mapa de carreteras islandés, nuestro nuevo pasatiempo preferido. Hace un rato que nieva en Egilsstadir aunque de manera suave, a ratos aguanieve a ratos con copos mejor formados.

En todo caso, la nieve no cuaja del todo y la cosa está lejos de convertirse en un temporal, con lo que las esperanzas de seguir mañana hacia Akureyri, la ciudad prometida, siguen intactas. La alternativa es desandar todos los kilómetros hechos en los seis últimos días de ruta, una quimera que por si acaso no descartamos del todo. En medio de nuestra discusión tocan en la ventana y en un inglés con evidente acento español nos piden que abramos la puerta. Un tipo con una chaqueta gris encabeza un grupo que completan dos chavales más, uno de ellos de amarillo. El de gris parece el líder, el cabecilla, el que corta el bacalao. Y así nos lo hace saber sin anestesia: «Estáis estacionados en nuestro lugar, lo hemos reservado nosotros».

Nos miramos extrañados y les mostramos nuestra reserva, que no indica un lugar concreto pero sí que tenemos derecho a electricidad. El de gris, convencido de tener la razón, nos cuenta que ellos han reservado por internet el lugar contiguo, y que los del lugar contiguo lo han ocupado porque nosotros estamos en el que les corresponde. La lógica del de gris es que nosotros debemos salir de ahí, sin medias tintas ni cortapisas, a lo que nosotros nos negamos. El grupito de vallisoletanos —que más tarde sabremos que lo son— se marcha contrariado perdonándonos la vida y se pone a dar vueltas al camping buscando una alternativa.

Acumulando buen karma viajero el día de la foto de Stokksnes

Nos ponemos en el lugar de los vallisoletanos y acordamos ofrecerles una entente salomónica: compartir la electricidad en lo que queda de noche. Entendemos su malestar, aunque no nos sentimos culpables, sino que todos somos producto de la mala gestión del camping, que no tiene una cara visible a la que reclamar nada. Nos bajamos de Ragnivan para ofrecerles compartir enchufe al de gris, al de amarillo y a sus compañeros de viaje. El de gris nos habla con soberbia y nos afea que estemos ahí, convencido de que hemos actuado mal. El de amarillo es el contrapunto, el más conciliador. Nos agradece la propuesta y nos indica que van a deliberar en asamblea con el resto de compañeros qué van a hacer.

Volvemos a la van indignados por la actitud del de gris, casi arrepentidos de nuestro ejercicio de empatía extrema. Nos despachamos a gusto, y a viva voz, sobre su actitud perdonavidas. En estas, vuelven a tocar en la puerta, y aparecen los cuatro chavales vallisoletanos explicándonos que aceptan la propuesta, conscientes de que no les queda otra: es eso o quedarse sin la electricidad que ya habían pagado. El que actúa ahora de interlocutor es el de amarillo. El de gris se queda en un segundo plano discreto, con cara de estar en desacuerdo con todo lo que está ocurriendo. Acordamos que en un par de horas les dejaremos libre el enchufe, que volveremos a usar ya por la mañana. De este modo, ellos usarán la electricidad durante toda la noche.

Celebramos nuestra buena obra viajera y la acumulación de buen karma con una cena a la altura del momento. Sacamos la comida gourmet que traemos de casa: quesos, jamón, salchichón, chorizo y fuet. Y de postre, varias rondas de tequila que nos quita el frío y nos anima a soñarnos recorriendo las calles de Akureyri mañana. A la hora pactada, un poco antes de medianoche, vamos a la van de los vallisoletanos y el de amarillo nos recibe con una sonrisa y un agradecimiento sincero. Intercambiamos un par de comentarios sobre nuestras rutas y nuestros orígenes, y nos despedimos convencidos de que, pese al de gris, hemos obrado bien. En Egilsstadir sigue nevando y le pedimos al karma que la nevada no sea copiosa y nos permita seguir mañana la ruta.

2 respuestas

  1. Me dejaron picado! Espero pronto el día 8 y yo no le hubiera compartido nada de electricidad al de gris 😝

  2. Hola, César!
    La mitad del grupo pensaba como tú, creía que el de gris no merecía electricidad… jaja
    Ya tenemos el día 8 y el día 9 publicados, en el que el de gris tiene protagonismo fugaz. Gracias por leernos y por seguir nuestra ruta!
    Abrazos,
    Caro & Cris

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