Nos hemos agarrado a una excusa ardiendo para permanecer un día más en nuestro hotel de Inle, el Spring Lodge Inn. A dos, de hecho. Las heridas es mejor que cicatricen antes de seguir caminando. Las ampollas de uno de nosotros se han puesto feas. Son las consecuencias de la falta de costumbre a las caminatas, y del uso de un calzado más apropiado para salir de fiesta que para pasear por el monte. Por eso, hoy no iba a ser posible devanear en exceso. Encima, el clima nos ha dado la razón: explorar el lago no era la mejor de las ideas. El día, eso sí, lo acabaríamos probando el pescado birmano.
A eso de las 12.00 h, después de un desayuno insuperable a base de todo lo que pueda caber en un buen desayuno, el cielo ha empezado a oscurecerse. Y el viento frío, alarma perfecta de lo que ha de venir, ha empezado a agitar. Hemos dejado la hamaca de la zona de la piscina —sí, el hotel tiene piscina; y un servicio de habitaciones al que pusimos anoche a prueba para la cena— y nos hemos vuelto a la habitación. Tenemos un balconcito que da al exterior, y ahí nos hemos sentado a ver cómo azota el monzón en Myanmar. El lugar era ideal para ver la lluvia caer. Solo nos faltaban un par de cervezas, unas patatas bravas y unos berberechos.
Esperando a que escampe para probar el pescado birmano de Inle
Cuando parecía que empezaba a escampar y nos planteábamos salir a comer, el cielo nos ha invitado a esperarnos un poco más. Un halo de luz y, al medio segundo, un estruendo enorme. Ha sido un rayo que debe haber caído en la casa de los vecinos, pero ha parecido una bomba. No recordábamos un susto igual desde cualquiera de los días de la India con cualquiera de sus vicisitudes. Mucho después, en lo que era un evidente paréntesis entre aguaceros, nos hemos decidido a salir a la carretera. A falta de poder caminar bien, hemos tomado prestadas unas bicicletas en el hotel.
Hemos comprado una pomada para que ayude en el proceso de cicatrizar las ampollas, hemos pasado por el único supermercado de la ciudad para comprar un poco de queso y un mucho de cervezas y hemos ido a comer a un restaurante en el que nunca nos habríamos parado de pasada. Pero íbamos a propósito: nos habíamos dejado recomendar por Google Maps. Que no será la Guía Michelin, pero suele acertar en qué sitios son los más adecuados para comer. Pese a roñoso y descuidado, el restaurante Sin Yaw, muy familiar y auténtico, ha resultado un acierto.
En unas brasas poco llamativas cocinaban de todo. Nosotros hemos pedido un par de mazorcas de maíz —a las que le faltaba un poco de toque mexicano: crema, limón, chile—, un poco de pollo y un pescado birmano a la Inle. El pescado birmano estaba cocinado al estilo del lago y, lo más importante, pescado esa misma mañana en el lago. Estaba riquísimo con su poco de arroz y sus verduras de acompañamiento. Todo eso y una cerveza de las grandes por 6.700 kyats, que son 4 € según el cambio de hoy. Así compensamos el gasto del día extra del hotel. Quizás si comemos ahí todos los días podemos alargar —todavía más— la estancia aquí. Todo sea por el bien de nuestros pies, claro.