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Brunéi: dos mezquitas, Kampong Ayer y el país más tranquilo | Día 2

Brunéi no es país para turistas, pero tampoco pretende serlo. Antes de la pandemia llegaban unos 4,5 millones de visitantes al año, y según su Departamento de Desarrollo Turístico en 2024 recibieron 2,7 millones de turistas. Son cifras que están muy lejos de su vecina Malasia, que en 2024 recibió a más de 25 millones de visitantes. Brunéi no es país para turistas, pero podría serlo, al menos para un par de días, porque hoy hemos confirmado que merece que se le ponga una chincheta en el mapa. Aunque solo sea por las dos magníficas mezquitas principales de Brunéi y por su aldea en el agua, Kampong Ayer.

En nuestro céntrico hotel, donde todo son sonrisas y parabienes de los trabajadores, apenas coincidimos con otros viajeros. Tenemos desayuno incluido estilo buffet asiático. En esta parte del mundo nos apegamos al arroz como lo hacen los locales. Pero desayunarlo todos los días, no. Quizás sí uno de cada tres o cuatro. Otro de nuestros básicos asiáticos son las patatas fritas, que nuestro hotel tiene el acierto de servir para desayunar. A falta de queso, embutido y huevos, desayunamos patatas fritas y un poco de fruta.

La mezquita Jame’ Asr Hassanil Bolkiah, la mayor de Brunéi

Es el día de los dos que vamos a pasar en Brunéi que tenemos que destinar a la mayoría de visitas. Mañana es viernes, y nos han advertido que no esperemos mucho movimiento en el país; que no encontraremos nada abierto. Por eso enfilamos pronto la calle y nos desplazamos a la mezquita Jame’ Asr Hassanil Bolkiah, inaugurada en 1994 para conmemorar el 25 aniversario de la llegada al trono del sultán Hassanal Bolkiah. Es un templo majestuoso, la más importante de todas las mezquitas de Brunéi, que puede acoger hasta 5.000 fieles y tiene 29 cúpulas doradas, una por cada uno de los sultanes de la historia del país.

La mezquita Jame’ Asr Hassanil está rodeada por unos cuidados jardines y sus trabajadores son la confirmación de que la amabilidad parece venirles de serie a los bruneanos. Nos indican dónde acercarnos para cubrirnos con las batas para seguir el código de vestimenta de la mezquita. Nos las ponemos y nos sentimos como estudiantes de Hogwarts, versión Gryffindor. El interior está decorado por mármol, candelabros, mosaicos y alfombras persas. Es un sinfín de detalles que los trabajadores se esmeran en mantener impolutos.

La mezquita Sultan Omar Ali Saifuddien y recorrido en bote

Pasamos más de una hora y media recorriéndola, admirándola y tomándole fotos desde todos sus ángulos, por dentro y desde el exterior. Son las 11.00 h y nos desplazamos a la segunda de las mezquitas icónicas de brunéi, la del Sultan Omar Ali Saifuddien, más antigua y famosa por su fotogenia junto a una laguna artificial. Es bastante más pequeña que la mezquita Jame’ Asr Hassanil Bolkiah, y visitarla después la desmerece un poco. Es un símbolo nacional, la mezquita en la que se celebran las principales ceremonias religiosas del país, y está dedicada a Omar Ali Saifuddien III, el padre del sultán actual.

Tras explorar las dos mezquitas principales, el siguiente objetivo de la ruta turística por Bandar Seri Begawan, la capital de Brunéi, es Kampong Ayer. Está considera como la aldea flotante más grande del mundo, con cerca de 30.000 habitantes. Para llegar al poblado, situado a unos cincuenta metros del frente marítimo, hay que tomar un bote. Hay decenas de barqueros dispuestos a pasarte, o a ofrecerte un tour por la aldea y hacia arriba del río, hacia los manglares en los que habitan los monos narigudos. Nos juntamos con Eli y Paula, nuestras compañeras en el bus de los ocho sellos de ayer, y hacemos la excursión juntos por once dólares bruneanos por cabeza, unos ocho euros.

Vemos a varios monos y nuestro guía improvisado nos deja en uno de los embarcaderos para que paseemos Kampong Ayer entre sus calles. Aunque lo de las calles es un eufemismo. El poblado sobre el agua conecta sus construcciones con una red interminable de pasarelas de madera, puentes y tablones que crujen al pasar, formando un auténtico laberinto flotante. Hay que pisar firme y vigilar por dónde se sigue para no acabar nadando, como alguno de los habitantes del pueblo, que los vemos desplazándose a nado.

La aldea flotante de Kampong Ayer

En teoría en la aldea flotante hay tiendas y restaurantes y colegios y todos los servicios que pueda necesitar una comunidad. En la práctica apenas nos cruzamos con algunos locales aquí y allá, y el restaurante en el que habíamos previsto almorzar está cerrado. Así que volvemos a la ciudad. Nuestras compañeras se van a visitar la mezquita con la que nosotros habíamos empezado la ruta, y nosotros nos disponemos a hacer turismo de supermercado, uno de nuestros preferidos.

La sensación de vacío de Kampong Ayer se reproduce en Bandar Seri Begawan. Brunéi parece un país fantasma. En el supermercado, un supermercado enorme repleto de (casi) todo, nos encontramos con una estampa improbable. Somos los únicos comprando y las estanterías parecen preparadas para un reportaje fotográfico, extraordinariamente ordenadas, como si fuera una farsa, como si en realidad nadie comprase. La ciudad y el país nos dan vibras parecidas a las que tuvimos en Naipyidó, la capital de Myanmar, una ciudad desierta con grandes estructuras e infraestructuras que nadie parecía aprovechar.

La comida bruneana en el mercado nocturo

Después de descansar en el hotel salimos a recorrer, y a comer, un mercado de comida callejera que nos recomendó el taxista de ayer. Está justo al lado del alojamiento, y es un poco más de lo mismo. Sí, hay gente comprando y comiendo. Pero muy poca. Es cierto que el país no es muy grande, pero la capital, Bandar Seri Begawan, y su área metropolitana concentra a unos 300.000 habitantes, tres cuartas partes del total del país.

Sin embargo, aquí la sensación es de muchos puestos de comida, decenas y decenas, para un puñado de compradores. En todo caso, comemos bien y barato, y volvemos a confraternizar con los bruneanos. Mañana nos espera una nueva ración de país fantasma, pues los viernes Brunéi se detiene —más— y entre las 12.00 h y las 14.00 h todo permanece cerrado.

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