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La Cocina de Doña Esthela, manjares de fonda | Día 4

El camino de tierra para llegar a La Cocina de Doña Esthela, el mejor restaurante del Valle de Guadalupe

Ensenada queda atrás porque por delante nos espera lo mejor de esta primera mitad de nuestro road trip por Baja California. Vamos a pasar tres días con sus tres noches en el Valle de Guadalupe, la región vitivinícola más importante de México, uno de los lugares de moda del país. Todo mexicano que se precie de estar en la onda ha viajado al Valle de Guadalupe en los últimos años, o si no planea hacerlo en breve. De lo contrario, querida y querido mexicano, estás fuera de onda. Aquí se viene a beber vino, a ver paisajes y a comer excelente, como pretendemos hacer nosotros desde hoy en uno de los restaurantes más reconocidos de la región: La Cocina de Doña Esthela. Vena Cava, vino desde el corazón El Valle de Guadalupe produce el 90 % del vino mexicano y en los últimos años ha ganado fama por la gran cantidad de nuevos proyectos que buscan darle a la zona empaque de región vinícola de referencia a escala global. En Cultura Nómada, que podríamos bañarnos en vino y ser felices, hace tiempo que queríamos visitar la región. Hace un par de viajes a nuestra otra casa, en 2021, pasamos por Querétaro, la otra zona importante de vinos en el país; a muchísima distancia de esta, del Valle de Guadalupe. En estos tres días hemos apuntado una serie de visitas enogastronómicas para verle al Valle de Guadalupe sus muchas vertientes, desde la más comercial a la más alternativa pasando por lo más tradicional. Vena Cava, una bodega retirada del triángulo de carreteras asfaltadas que cruzan el Valle, entra en el grupo de las segundas: es una iniciativa joven, de menos de veinte años de vida, que hace producciones pequeñas de una quincena de vinos. Vena Cava es un proyecto moderno y ecológico, ubicado en una construcción basada en la arquitectura circular, levantada por entero con materiales reaprovechados y llena de referencias al mar, la otra gran pasión del dueño, un británico que se enamoró de México. En el nombre también está el encanto: Vena Cava es un homenaje a la arteria que bombea sangre al corazón. Degustación para dos, por favor Es temporada baja y por eso vamos a visitar la zona sin agobios, y nos conseguimos una degustación privada. Nos atiende Marco, un treintañero de Ciudad Juárez que vive en Ensenada, un chaval con conocimiento y pasión por el mundo del vino, que nos guía por la cata de cuatro de los caldos de Vena Cava: un blanco, un rosado y dos tintos. Los cuatro son frescos, alejados de los estándares españoles, especialmente los tintos. «Hacemos vinos adaptados a la realidad de los mexicanos», nos explica. En Vena Cava trabajan con más de una decena de uvas distintas, con las que hacen algunos monovarietales y sobre todo coupages que venden a pequeña escala, para mantener la autenticidad de su propuesta. Así, han conseguido que el prestigioso chef mexicano Enrique Olvera los haya escogido para hacer el vino de la casa de sus restaurantes, incluido el conocido Pujol de Ciudad de México, una de las mecas gastronómicas del país. Marco se siente cómodo respondiendo a preguntas que se sabe. Nosotros, que sabemos dárnoslas de que entendemos un poco, nos interesamos por los básicos enológicos de la región y él, bien estudiado, tienen contestación para todo. Además, en un gesto de generosidad, nos hace varias recomendaciones de bodegas y restaurantes de la zona. Algunas de ellas podrían ser competencia de Vena Cava, pero no parece importarle. «No dejen de ir a La Cocina de Doña Esthela, se ha hecho muy famoso pero sigue manteniendo el encanto y todo está muy bueno», nos cuenta, y le explicamos que justamente ese es el plan que tenemos para después: probar las delicias caseras de Esthela. La Cocina de Doña Esthela, la comida mexicana que merecemos Muy lejos de la sofisticación de la mayoría de iniciativas del Valle de Guadalupe, de una pretenciosidad un pelín impostada algunas de ellas, La Cocina de Doña Esthela triunfa desde el extremo contrario. Su espíritu es el de una pequeña fonda que sirve comida casera a cuatro, pero ha multiplicado por veinte lo que era en sus orígenes, en cuanto a espacio, a número de comensales que recibe y a trabajadores. Lo mejor es que no ha perdido en absoluto todo lo que la caracteriza y que la ha convertido en leyenda: la cercanía de los meseros y, sobre todo, la mejor comida mexicana de esta parte del país. Y sí, sabemos que es una afirmación subjetiva y basada en una muestra minúscula. No tenemos todas las pruebas, por tanto, pero desde luego tampoco tenemos ninguna duda: La Cocina de Doña Esthela es uno de los mejores restaurantes de México. Probamos la res tatemada, que trae un caldito para que mojes en ella los taquitos que te preparas con las tortillas que acompañan la orden. También comemos una sopa de papa, su famoso huevo con machaca y el bistec. La mayoría de los platos tienen espíritu de desayuno (a la mexicana), que es precisamente la hora en la que La Cocina de Doña Esthela tiene colas de comensales esperando. Nosotros almorzamos a las 15.00 h y tenemos el restaurante por entero a nuestra disposición. Le hacemos conversación al mesero, que nos cuenta cómo ha crecido el negocio en los últimos años, obligándoles a construir un anexo al restaurante original para dar cabida a toda la demanda. Nos despedimos de La Cocina de Doña Esthela sabedores de que la visita al Valle de Guadalupe ha valido la pena solo por probar estas delicias de la cocina mexicana más artesanal.

Dora, la Bufadora de Ensenada | Día 3

La Bufadora de Ensenada, en México

Nos alojamos en Villa Adelina, un hotelito boutique de cinco habitaciones en el centro de Ensenada. Es una casa de estilo británico del siglo XIX que lleva el nombre de su dueña original, Adelina, que se encaprichó de una vivienda que entonces se caía a trozos. Solo ella le vio a la casa el potencial que realmente tenía, y le dio el aire sofisticado que ahora mantiene, más de cien años después, para recibir a turistas de todos lados. Villa Adelina es la mejor base para caminar la ciudad y para explorar sus alrededores costeños. Hoy partimos de aquí hasta la Bufadora, uno de los motivos que nos han traído estas dos noches a Ensenada. La Bufadora, el bufón de Ensenada Entre los fenómenos naturales que uno desconocía está precisamente el que visitamos hoy. La Bufadora es un bufadero (o bufón), algo parecido a un géiser, una caprichosa formación geológica de acantilados marinos en los que las corrientes y la forma de las piedras provocan que el agua del mar salga disparada como si se tratase de un bufido del océano. Es como una chimenea natural en la que el agua marina hace las veces de humo. La Bufadora es un emblema del turismo de Ensenada y de toda la región. Por eso, los metros que preceden al espectáculo natural es un continuo de puestos de recuerdos, de comida, de micheladas, de dulces y de cualquier eventual engaño que el turista pueda (no) necesitar. Caminamos por el pasillo contestando con negativas a todo lo que se nos ofrece, y los vendedores no se hacen los pesados y saben que las mejores víctimas no hablan castellano, sino inglés. Así, como si hubieran estudiado en Harvard o Stanford, engolan su acento y melosean a los gringos con parabienes y ofertas que no resisten. Muchos de ellos van cargados con bolsos, camisetas, recuerditos y además una michelada y algún manjar callejero mexicano. La Bufadora parece una de las paradas de los circuitos turísticos que los estadounidenses hacen por Baja California, y la mayoría parecen haber llegado desde Ensenada, quién sabe si desde el enorme crucero atracado en la ciudad desde la mañana. La Bufadora de Ensenada se llama Dora Conseguimos emplazar a muchos de los vendedores a la vuelta de la visita. Y así, llegamos al punto en el que se forma la Bufadora, al límite de lo que el hombre ha construido para poder ver lo que la naturaleza ha formado. Ahí nos agolpamos una veintena de personas esperando a que pase no sabemos qué exactamente. Uno llega con pocas expectativas porque no ha querido ver en vídeos en qué consiste la Bufadora de Ensenada. Por eso, cuando finalmente pasa, nos arranca toda una retahíla de interjecciones y expresiones que descubren nuestro origen hispanomexicano: «¡Hostia! Chinga tu madre. Flipa. ¡Qué chido! Guaaaaau». El mar se embravece a ratos y la Bufadora responde con un chorro enorme de agua que baña a los que están más cerca de la acción. Nuestros gritos de impresión españoles se mezclan con los barbarismos en inglés de los turistas gringos, y todos disfrutamos de ese momento que no esperábamos, de ese encuentro insospechado con los caprichos naturales. Diálogos con el mar En estas, se acerca a donde estamos un trabajador de la zona, que va recogiendo basura y preguntando a los que ahí estamos por nuestro origen. De repente se dirige al mar: —Vamos, Dora, muéstrales lo que haces —y el mar responde y empieza a agitarse y choca con tanta fuerza en las rocas que la Bufadora salpica el agua a más de treinta metros de altura. —La Bufadora se llama Dora, es mi novia, se las comparto pero solo un ratito —dice medio en broma medio en serio el hombre—. ¡Vamos, Dora, vuelve! Ahí viene, ahí viene. Y la Bufadora Dora de Ensenada, como si en realidad escuchara, nos vuelve a regalar un nuevo salto de agua increíble al que las fotos y los vídeos no hacen justicia. La Bufadora debe ser promiscua, porque también atiende a nuestras peticiones. —Vamos, Dora, otra vez —le decimos, y nos contesta con un nuevo bufido espectacular. Las tostadas de La Guerrerense De vuelta al estacionamiento —que no aparcamiento, ni parking— nos dejamos enredar en un puestito de almejas cubiertas de queso fundido. El vendedor debe ser primo del novio de Dora, porque nos habla con el mismo tono medio en serio medio en broma que uno no sabe si es producto del ingenio o de la locura. O un poco de los dos. —Me llamo Luther King. Cualquier cosa que necesiten, simplemente digan ‘Luther’ —nos dice. —Okey, Martin —le contesto para seguirle la ¿broma? —No, Martin no. Luther —corrige y uno se ríe sin saber qué responder. Volvemos hacia Ensenada después de haber disfrutado de la Bufadora con el objetivo de comer. Cerca del hotel, en la zona cercana al puerto, hay una carreta (lo que vendría a ser un food truck) que se llama La Guerrerense y tiene tan buena comida como marketing. Sabina, la dueña, es la heredera de este negocio familiar que vende las tostadas de mariscos y pescados más ricas de Ensenada desde hace sesenta años. Pedimos cuatro con las sobras, porque la carreta ultima lo que tiene a estas horas, ya a punto de cerrar. Aquí estuvo por ejemplo Anthony Bourdain. Como nos quedamos con hambre visitamos la extensión de la carreta que tiene forma de restaurante: el Sabina. Una veintena de meseros y cocineros atienden a tres mesas. Es una hora rara, la gente ya ha almorzado hace rato y es demasiado pronto para cenar. Así, nos sirven rapidísimo los tacos de pescado y de camarón que pedimos. Están riquísimos y son el mejor colofón a nuestro paso por Ensenada, a la que mañana dejaremos atrás para continuar nuestro road trip por la Baja.

Del muro que separa a la cantina Hussong’s que une | Día 2

El muro en la playa de Tijuana que separa México de Estados Unidos

Ayer, saliendo del aeropuerto, ya con nuestro Chevrolet de alquiler, nos adentrábamos en Tijuana siguiéndole el curso al famoso muro fronterizo entre México y Estados Unidos. Que en realidad es más bien una enorme valla disuasoria, en la que del lado de Estados Unidos patrullan guardias para asegurarse que no se cuelan ilegales. Este muro de casi 900 kilómetros desemboca en la playa de Tijuana, separando a mexicanos y estadounidenses. Ahí empezamos un día que muchas horas más tarde, en la cantina Hussong’s de Ensenada, nos muestra la cara opuesta de la moneda: decenas de mexicanos perfectamente avenidos con los turistas estadounidenses, que se divierten escuchando al mariachi. El muro en la playa de Tijuana Madrugamos con el propósito de llegar, antes de que amanezca, a la parte del muro de Tijuana que se adentra en la playa. Google Maps hace una de las suyas y nos manda por los cerros de Tijuana, en un sube y baja constante por la periferia más miserable de la ciudad. Pasamos barrios enormes de favelas que, de repente, dan paso a urbanizaciones residenciales de ultralujo con más seguridad que el mismísimo muro. Las fronteras más flagrantes están siempre dentro del país. Y esa verdad lo es mucho más en México, donde las desigualdades son tan evidentes que ofenden. Llegamos a las playas de Tijuana ya con el sol salido, con los mejores minutos de luz del día para jugar a hacerle encuadres al muro. Sonará a frivolidad, pero hay que verlo en directo para comprobarlo: el muro en la playa de Tijuana es muy fotogénico, casi poético. Los barrotes están llenos de mensajes bienintencionados, la mayoría de una ingenuidad conmovedora: ―Este muro nos divide ―reza uno. ―Por todos los que salen de su país y no regresan, bendiciones ―cuenta otro. Del lado estadounidense de la valla distinguimos una patrulla que va y viene. El muro entra en el mar casi veinte metros, poniendo la desesperación migratoria solo al alcance de los mejores nadadores. Somos los únicos turistas y apenas un par de locales llegan a cada rato haciendo ejercicio o paseando al perro. La visita supera las expectativas y recuerda un poco al Muro de Berlín que todavía se conserva; eso sí, aquel es ahora un decorado y este el más ejemplar de los separadores. La carretera escénica desde Tijuana hasta Ensenada Aprovechamos el madrugón para pasar fugazmente por el Mercado Hidalgo del centro de Tijuana, donde a las 08.00 h empieza el ajetreo de comerciantes y compradores. Nos antojamos de todas las frutas que no existen en Barcelona ni en el más gourmet de los supermercados y nos quedamos con las ganas de probar alguna: solo llevamos tarjeta y en los comercios nos reclaman efectivo. Justo al lado del Mercado Hidalgo está el CECUT, el Centro Cultural Tijuana, que ocupa una de las islas centrales de la ciudad y se reivindica como el principal espacio de la cultura tijuanense. Además, uno de los edificios que lo componen, ‘La Bola’, con forma de ovni o de quién sabe qué, es uno de los más reconocibles de la ciudad y un reclamo imposible de pasar por alto para nuestras cámaras. Llegamos al hotel para desayunar, recoger maletas y desalojarlo para siempre a eso del mediodía. Desandamos el camino que nos había llevado por la mañana hasta el muro en la playa y tomamos la carretera escénica que parte de Tijuana y baja toda la costa del Pacífico de Baja California. El destino es Ensenada, pero a mitad de camino paramos en el municipio de Puerto Nuevo a probar la langosta del restaurante homónimo, uno de los manjares del estado. La cantina Hussong’s de Ensenada Ensenada tiene nombre de western y aspecto entre (bajo)californiano y centroamericano. Es nuestra segunda parada de la ruta, donde pasaremos dos noches. Nos alojamos en Villa Adelina, un hotelito boutique excelente ubicado en el centro de la ciudad; una casa de estilo inglés del siglo XIX que conserva no solo todo el encanto y originalidad, sino incluso los muebles. El mix de referencias de Ensenada es infinito y la ciudad, ya caminándola tras dejar las maletas, se nos presenta sin pretensión de quedar para siempre en nuestro recuerdo. No es estricta ni ligeramente bonita. Simplemente es. De casas bajas y calles amplias, Ensenada es portuaria y parada de diversos cruceros que recorren el Pacífico desde Los Ángeles. Quizás por eso nos topamos con varios estadounidenses en nuestro paseo acelerado por las calles del centro y por el paseo de la marina. Y, sobre todo, en la cantina Hussong’s, donde acabamos pasando la tarde-noche de nuestra primera jornada en Ensenada, una de las mejores tardes-noches que hemos pasado en México. Este bar es uno de los emblemas de la ciudad, un lugar que se reivindica auténtico pero, a la vez, es deliciosamente turístico. Hussong’s, una cantina con más de 130 años de historia Hussong’s es la cantina más antigua no solo de la ciudad, sino al parecer de toda California, tanto la gringa como la mexicana. Abrió sus puertas en 1892 y desde entonces sigue en el mismo edificio, con pocas alteraciones en su forma y en su fondo. Aquí llegan los ensenadenses y los que no los somos, pero estamos de paso, y atestamos el local desde las 17.00 h y hasta la hora de cierre, a la 01.00 h, cuando los que quedan despiertos en la ciudad se encuentran todos aquí. En la cantina Hussong’s se inventó la margarita, en 1941, y la forma bien vista de comer los cacahuetes sigue siendo la misma que hace cien años: tirando al suelo las cáscaras. Es martes pero da lo mismo. No deja de llegar gente y grupos de música —mariachi y norteño— que le sacan varios miles de pesos a los clientes más borrachos por tocar media hora de sus canciones favoritas. La fiesta en México no discrimina entre días laborables y festivos, qué más da, siempre es buen día para tomar y celebrar la vida, para celebrar la

Welcome to Tijuana | Día 1

La Avenida de la Revolución de Tijuana de noche

El punto de partida de nuestra ruta por Baja California, por la Baja, es el punto de partida de tantos y tantos miles que ven en esta ciudad, en Tijuana, el final de todos sus males y el principio de todos sus sueños. Welcome to Tijuana. El soniquete de la canción de Manu Chao le pone banda sonora a lo que uno piensa de esta ciudad en el límite de México, donde la verdad de este país inmenso se desdibuja y empieza a hablar en gringo por exigencias de la frontera con los Estados Unidos. Tijuana nos recibe enorme desde el aire, arenosa, desaseada. Es un desconcierto de calles y carreteras, lo que uno imagina de ella, pendenciera y al borde de la ley, como toda ciudad fronteriza que se precie. Si hubiese un espejo en el que las ciudades fronterizas se mirasen, Tijuana sería el reflejo que siempre les devolvería el espejo. «Welcome to Tijuana, tequila, sexo y marihuana», dice Manu Chao, quizás sabedor que a eso vienen los gringos que nos cruzamos por la Avenida Revolución durante todo el día, felices por dejar atrás las ataduras caseras. Los gringos anhelan conocerla y muchos de los que aquí viven, mexicanos pero también miles de centroamericanos, lo darían todo por dejarla atrás para siempre. Un road trip por Baja California que en realidad son dos Tijuana es el inicio de nuestro viaje por la Baja de los próximos diez días. Si uno tiene en mente el mapa de México recordará que arriba a la izquierda, tocando al Pacífico y haciendo frontera con los Estados Unidos, se extiende un brazo de tierra larguísimo y muy estrecho que forma la península de Baja California. La península, a su vez, la componen dos estados: Baja California, arriba, y Baja California Sur, abajo. El sueño era hacer los 1.250 kilómetros de largo de la península en coche, pero necesitaríamos al menos el doble de días. Por eso, nuestro road trip por la Baja lo partimos en dos. La ciudad más poblada de toda la península es justamente Tijuana, a la que solo un muro separa de San Diego, de Estados Unidos. Aquí viven cerca de dos millones de personas a caballo entre dos mundos. Y eso se siente pronto, en el mismo aeropuerto. Antes incluso: en el avión que nos trae desde Guadalajara, donde el spanglish se impone como idioma oficial del trayecto. Rentamos un coche —porque aquí los coches se rentan, no se alquilan; qué rico es el español y cuánto lo empobrecemos en España— para los próximos cinco días. Es un Chevrolet con placas —que no matrícula— de Puebla. Tijuana sí que es muy mexicana en su tráfico: inasumible, como en cualquier gran ciudad del país. La ensalada César original, la de Caesar’s Nos alojamos en un hotel de paso, como haciéndole honor a la ciudad, porque solo vamos a pasar una noche y un hotel pasajero es lo que necesitamos. Estamos en la zona del río, la que recomiendan las guías y los que saben, porque es tranquila y segura. A veinte minutos está la Avenida Revolución, la arteria más importante de Tijuana. Y en una de sus esquinas está Caesar’s, un hotel con un restaurante mítico que se reivindica como el creador de la universal ensalada César. Es uno de los puntos marcados en rojo en nuestro mapa de visitas obligatorias en la ciudad, y no encontramos mejor manera de hacerle honor a la canción: Welcome to Tijuana comiendo rico y en un lugar mítico. Nos atiende Efraín, un mesero —que no camarero— que es toda una institución. «He salido en varias películas y me entrevistan a menudo. Hace un tiempo le preparé la ensalada César a Mel Gibson, que me ofreció participar en su próxima película», nos cuenta mientras ultima el aderezo de nuestras ensaladas. La ensalada César de Caesar’s la componen cuatro hojas de lechuga bañadas en ese riquísimo aderezo, ni más ni menos. Las derivaciones que hemos comido todos son pura fantasía, un sucedáneo mal logrado de la original. El campeón Julio César Chávez y los tacos El Franc Cuando encaramos los segundos, en Caesar’s entran cuatro hombres que se sientan en la mesa de al lado. Nos fijamos y acertamos a sacarle a uno de ellos el parecido, que en realidad resulta no ser solo parecido: Julio César Chávez, uno de los grandes boxeadores de la historia de México, se dispone a almorzar en el mismo restaurante que nosotros.«Sí, el campeón viene a menudo. Por aquí pasan muchos famosos», cuenta Efraín con su pin en el pecho de ‘Master Salad’. «Llevo quince años aquí y más de treinta haciendo ensaladas», dice, y uno no se imagina a nadie con un currículum como el suyo en el universal sector de las ensaladas. La sorpresa de Julio César Chávez acaba de rematar la experiencia, es la guinda del aderezo. Después de un breve paso por el hotel para descansar volvemos a las calles de Tijuana y nos sorprende el frío y la oscuridad, que llega de repente. A las 17.00 h la ciudad se funde a negro y a uno le obliga a desconfiar. Es momento de moverse en coche y no salirse del camino más turístico. Por eso decidimos ir a comer tacos a El Franc, una de las taquerías más conocidas de Tijuana y recomendada por la Guía Michelin. Los tacos están buenos pero son muy caros. Aquí los precios parecen hechos para gringos. Los pedimos de lengua, de suadero y de asada. Están enchilosos y muy bien servidos. Volvemos a la Avenida Revolución para verla navideña, con su árbol y su decoración, y después del paseo empezamos a planear el mañana: un poco más de Tijuana a primera hora y luego rumbo al sur.

El Parque Nacional Charyn: cómo visitar el cañón más impresionante de Kazajistán

Las rocas del cañón Charyn en el Parque Nacional Charyn de Kazajistán

A solo tres horas de Almaty se encuentra uno de los paisajes naturales más sugerentes de Kazajistán, el Cañón Charyn, el gran protagonista del Parque Nacional Charyn. Conocido como el ‘hermano pequeño del Gran Cañón del Colorado‘, este escenario de paisajes áridos y monumentales se despliega a lo largo de 50 kilómetros de pura geología esculpida por el río Charyn durante millones de años. Caminar entre las formaciones rojizas, retorcidas y caprichosas del Cañón Charyn es como atravesar un museo natural a cielo abierto, una de las experiencias más memorables en un viaje por Kazajistán. 📍 Guía rápida del Parque Nacional Charyn Cómo llegar: desde Almaty en coche (3h), idealmente en tour organizado o en coche de alquiler. Qué ver: miradores del cañón Charyn, los senderos panorámicos, el cañón de la Luna y el cañón Negro. Tiempo recomendado: media jornada o jornada completa, se puede combinar con los lagos Kolsai. Consejos: lleva agua, protección solar y calzado cómodo. Trata de llegar hasta el río para recorrer todo el cañón. Qué ver en el Parque Nacional Charyn El Parque Nacional Charyn es mucho más que su célebre Cañón Charyn. Entre sus paredes rojizas se esconden en toda la zona otros cañones, miradores y paisajes que parecen de otro planeta. Aquí te contamos los lugares imprescindibles que no deberías perderte durante tu visita. El Cañón Charyn y el Valle de los Castillos Este fue nuestro punto de entrada al parque, en una excursión de un día desde Almaty que combinamos con el Parque Nacional de los Lagos Kolsai. La panorámica desde lo alto del cañón es sobrecogedora: paredes rojizas que se retuercen como esculturas y, si el día está despejado, las montañas de la cordillera Tian Shan al fondo. Esta visión ayuda a comprender la magnitud de este paisaje monumental y salvaje, uno de los imprescindibles en cualquier ruta por Kazajistán. El Cañón de la Luna El Cañón de la Luna del Parque Nacional Charyn parece sacado de otro planeta, tan silencioso y onírico. Sus formas abombadas y sus montículos afilados recuerdan a los paisajes lunares de películas como Ad Astra, Moon o Apolo 13, de las que podría haber servido de perfecto set de rodaje. El Cañón Negro El Cañón Negro permanece en la penumbra gran parte del día. Sus paredes oscuras se alzan sobre el río Charyn, que corre con fuerza en el fondo, creando un contraste dramático. Aquí encontramos a un hombre que ofrecía posar con un águila real a cambio de mil tenge. Esta escena conecta con la cetrería, la ancestral caza con aves rapaces entrenadas, patrimonio de las antiguas poblaciones nómadas kazajas y todavía practicada en varias regiones del país. Dónde está el Parque Nacional Charyn El Parque Nacional Charyn se encuentra en el sureste de Kazajistán, cerca de las fronteras con Kirguistán y China. Es uno de los grandes reclamos naturales del país y una excursión muy recomendable desde Almaty. Cómo llegar al Parque Nacional Charyn Visitar el Parque Nacional Charyn en un día implica verlo de manera superficial, aunque vale la pena si no se tiene mucho tiempo en el país. Son muchos los viajeros que prefieren ir con más tiempo e incluso acampar por la zona, o alojarse en una yurta tradicional. Te explicamos las opciones que tienes para visitarlo. Ir por libre Viajar por libre al Cañón de Charyn es posible y, además, puede resultar bastante económico si organizas bien la ruta. La opción más barata es tomar un taxi compartido desde Almaty con destino a Saty o Kegen, y pedir que te dejen en el desvío de la carretera al parque. Desde ese punto tendrás que caminar unos 12 kilómetros hasta el cañón. Para volver, deberás hacer autoestop (en Kazajistán suele ser de pago). Si viajas en grupo, puede compensarte alquilar un taxi para ida y vuelta o incluso un coche de alquiler y conducir tú mismo. La carretera está en muy buen estado y perfectamente asfaltada, por lo que no necesitas un 4×4, salvo que incluyas en tu ruta los Lagos Kolsai o el Lago Kaindy, donde el acceso es mucho más complicado. Tours organizados y excursiones desde Almaty La forma más habitual de visitar el Parque Nacional Charyn es con un tour organizado desde Almaty. Varias agencias locales ofrecen excursiones de ida y vuelta en el día, que suelen incluir transporte, guía y entre una y dos horas para recorrer el Cañón de Charyn, sobre todo el espectacular Valle de los Castillos. Entre las compañías locales recomendamos Steppe Spirit, que organiza rutas por toda la región y combina Charyn con el Parque Nacional de los Lagos Kolsai. Es un equipo joven y aventurero, muy popular entre viajeros kazajos y rusos, aunque también integran a turistas occidentales. Puedes contactarles directamente por Instagram. Existen otras agencias enfocadas al público internacional que ofrecen tours a Charyn o combinados con los lagos, aunque suelen tener precios más altos. En cualquier caso, las opciones para conocer este rincón único de Kazajistán son variadas y se adaptan a todos los presupuestos. ✍️ Lee el post en el que damos más información sobre el Parque Nacional de los lagos Kolsai y Kaindy. Consejos prácticos para tu visita Antes de lanzarte a explorar el Parque Nacional Charyn, conviene tener claros algunos aspectos logísticos que te ayudarán para la excursión. Aquí encontrarás la información práctica esencial para planificar tu visita: cómo llegar, cuánto tiempo dedicar, qué llevar y cuándo es la mejor época para ir. ℹ️ Info Detalle 📍 Distancia desde Almaty 200 kilómetros (unas 3 horas por carretera) ⏳ Tiempo de visita recomendado Media jornada o jornada completa 💰 Precio de entrada ≈ unos 1.000 tenge (menos de dos euros) 🕒 Horario de acceso Abierto durante todo el día 🎒 Qué llevar Agua, gorra, protector solar, calzado cómodo y snacks Preguntas frecuentes sobre el Parque Nacional Charyn Toda la información para tu viaje a Kazajistán:

Los lagos Kolsai y el lago Kaindy: cómo visitar las joyas remotas de Kazajistán

El lago Kolsai en el Parque Nacional de los lagos Kolsai en Kazajistán

Enclavados en las montañas del sureste de Kazajistán, muy cerca de la frontera con China, los Lagos Kolsai y el Lago Kaindy forman uno de los parajes naturales más singulares e imperdibles del país. Este conjunto de lagos de aguas turquesa, bosques de abetos y cumbres nevadas componen el Parque Nacional de los Lagos Kolsai, uno de los tesoros menos conocidos de Asia Central. Los tres lagos Kolsai se suceden en distintos niveles de altura, unidos por senderos que atraviesan bosques densos y praderas alpinas. A pocos kilómetros, el más inaccesible lago Kaindy esconde un espectáculo único, un bosque sumergido cuyas copas emergen del agua. Si te apasiona el senderismo y buscas una experiencia auténtica en la naturaleza, te recomendamos que le dediques al menos dos días a explorar este rincón mágico. ✍️ Si estás planeando tu viaje a Kazajistán, no te pierdas nuestra completísima guía del país. 📍 Guía rápida de los Lagos Kolsai y el Lago Kaindy Cómo llegar: desde Almaty son unas 4–5 horas en coche), idealmente en tour organizado o en vehículo de alquiler (con o sin chófer). Qué ver: los tres lagos Kolsai (especialmente el primero) y el bosque sumergido del lago Kaindy. Tiempo recomendado: para verlo todo, mínimo dos días completos; se pueden combinar en ruta con el cañón Charyn en un día, pero solo viendo uno de los lagos. Consejos: lleva ropa de montaña, calzado impermeable, comida y agua; el clima puede cambiar rápido. Qué son y dónde están los lagos Kolsai y el lago Kaindy Los lagos Kolsai y Kaindy se encuentran a unos 300 kilómetros de Almaty, en una zona bastante remota del país fronteriza con Kirguistán y China. El Parque Nacional de los lagos Kolsai forma parte de la cordillera Tian Shan, el principal sistema montañoso de Asia Central y uno de los más importantes del mundo, casi una extensión del Himalaya. El pueblo de Saty es lo más parecido a un núcleo urbano de población importante. De hecho, acoge gran parte de los hospedajes para los que deciden hacer noche en la zona. La mayoría de los tours de múltiples días ubican aquí el campamento base. La zona es bastante pintoresca y de camino a los lagos es fácil divisar yurtas aquí y allá. Los lagos Kolsai (1, 2 y 3) Los Lagos Kolsai forman un conjunto de tres lagos de montaña encadenados a distinta altitud. Están en el corazón del Parque Nacional de los Lagos Kolsai, en el sureste de Kazajistán. Los encontrarás rodeados de densos bosques de abetos y de cumbres nevadas durante buena parte del año. Por eso, tienen una belleza alpina y salvaje muy poco común en Asia Central. Durante nuestro viaje a Kazajistán pudimos conocer el principal de los lagos Kolsai, el más accesible y visitado. Lo visitamos en una excursión de todo el día que hicimos desde Almaty y en la que también conocimos el Parque Nacional Charyn. Aquella fue una divertidísima y maratoniana jornada de más de doce horas (que contamos aquí), rodeados de viajeros rusos y kazajos. ✍️ Lee el post en el que damos más información sobre el Parque Nacional de Charyn, que puedes combinar con los lagos Kolsai y Kaindy. El Parque Nacional de los lagos Kolsai es uno de los enclaves naturales más populares entre los propios kazajos. Especialmente en fines de semana y en verano, cuando el clima es más benigno. Pese a todo, tranquilo, viajero acostumbrado a la masificación: el turismo en Kazajistán no es (todavía) de masas, y la visita a los lagos Kolsai es muy disfrutable. De hecho, en la zona apenas hay algunas tienditas y cafeterías locales y un único hotel, el Kolsay Nomads, con unas vistas privilegiadas al primer lago Kolsai. El lago Kaindy y su bosque sumergido El lago Kaindy es el más lejano y sorprendente de los lagos que forman parte del Parque Nacional de los Lagos Kolsai. Es célebre por su imagen más icónica, un bosque sumergido cuyas copas secas emergen verticales desde las aguas turquesa, creando un paisaje onírico, sacado de un libro de Murakami. Esta peculiaridad se debe a un desprendimiento que bloqueó el valle hace más de un siglo, formando una presa natural que anegó el bosque. Aunque nosotros no pudimos visitarlo en nuestro viaje, el lago Kaindy suele ser el gran objetivo de quienes disponen de más días y buscan adentrarse en los rincones más escondidos de la cordillera de Tian Shan. Llegar hasta él exige recorrer pistas de montaña y dedicar al menos dos jornadas completas a la zona, combinando su visita con el lago Kolsai 1, el más accesible desde Almaty. El entorno del lago Kaindy es ideal para el senderismo, con varios caminos atraviesan bosques de abetos y praderas alpinas antes de descender hasta la orilla. Si te apasiona caminar entre paisajes salvajes, planifica bien la logística y reserva al menos un par de días para disfrutar de este rincón único. Cómo llegar a los lagos Kolsai y al lago Kaindy desde Almaty Llegar hasta los lagos Kolsai y el Lago Kaindy requiere de una buena planificación previa, ya sea para visitarlos en una excursión organizada como, sobre todo, para acceder a ellos por libre. La zona está a varias horas de Almaty, en una región de montaña poco conectada. Aquí te contamos las dos formas principales de hacerlo: por libre o en tour organizado. ✍️ Lee nuestra guía de viaje a Almaty para saber qué visitar y qué hacer en la ciudad. Cómo llegar al Parque Nacional de los lagos Kolsai por libre Como casi todo en el mundo de los viajes, sobre todo para los más intrépidos, es posible visitar por libre el Parque Nacional de los lagos Kolsai desde Almaty, pero logísticamente exigente: Si dispones de mucho tiempo en tu ruta por Kazajistán y te motiva la aventura, ir por libre es una experiencia que seguro recordarás. Si tu itinerario est´ajustado, la relación entre esfuerzo, tiempo y beneficio suele ser peor que con un tour. Os dejamos el

El mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi: cómo visitar la perla de Turkestán

El mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi, la perla de Turkestán en Kazajistán

En Turkestán, en el sur de Kazajistán, se ubica el mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi, uno de los monumentos más impresionantes de Asia Central y primer Patrimonio Mundial de la UNESCO del país. Este santuario, erigido en el siglo XIV por Tamerlán, pasa por ser el edificio de mayor relevancia histórica de Kazajistán, y seguramente el más bonito. Aquí te contamos cómo visitarlo y qué esperar de esta maravilla histórica. Cuando empezamos a planificar nuestra ruta de 11 días por Kazajistán, Almaty y Astaná eran los dos polos sobre los que teníamos que dibujar todo el itinerario. Entre todo lo demás que hay que visitar en Kazajistán, y que tenía que servir para completar nuestra ruta, solo había un imperdible, que al final se convirtió en uno de los grandes destacados del viaje: el mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi de Turkestán. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Cultura Nómada | Viajes (@cultura.nomada) Qué es el mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi El mausoleo de Turkestán, que es el gran monumento de Kazajistán, está dedicado a Khoja Ahmed Yasavi. Este poeta, filósofo y político vivió entre el 1093 y el 1166, y fue responsable de la fundación de la primera orden sufí túrquica, una de las ramas del islamismo. Cuando Khoja Ahmed Yasavi murió fue enterrado en un pequeño mausoleo de Turkestán, su ciudad, a la que empezaron a peregrinar muchos fieles. Muchos años más tarde, uno de los grandes líderes y conquistadores de la región, Tamerlán, levantó un nuevo mausoleo en honor al poeta sufí en 1390. El edificio es magnífico y paradigmático de la arquitectura timúrida, a la que le caracterizan los azulejos de color azul y turquesa. El mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi es la primera gran obra de este tipo, a la que le siguieron grandes monumentos mucho más conocidos y visitados, como los de la ciudad de Samarcanda en Uzbekistán. El país está tratando de explotar el mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi como destino prioritario para los viajeros. Por eso hay un aeropuerto internacional en Turkestán y se han construido hoteles, restaurantes y otras atracciones en los alrededores del mausoleo. En cualquier caso, son todavía pocos los viajeros que llegan (llegamos) hasta aquí, como contamos en nuestro diario de ruta, donde puedes leer nuestra experiencia en primera persona del día. Contexto esencial del Mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi 📜 Origen espiritual y figura de Yasavi: dedicado a Khoja Ahmed Yasavi (1093–1166), poeta, filósofo y líder religioso. Fundó la primera orden sufí túrquica y, tras su muerte, convirtió a Turkestán en lugar de peregrinación. 🕌 Construcción timúrida: ordenado construir hacia 1390 por Tamerlán, es la primera gran obra de arquitectura timúrida, con azulejos turquesa, grandes cúpulas y proporciones monumentales, precursora de los monumentos de Samarcanda. 🧭 Icono emergente del turismo kazajo: el país impulsa su promoción como símbolo nacional con un uevo aeropuerto, hoteles y centros culturales en Turkestán. Sigue siendo poco visitado, lo que hace la experiencia muy auténtica. Dónde está y cómo llegar al mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi de Turkestán La ciudad de Turkestán, donde se ubica el mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi, se encuentra en el sur de Kazajistán, muy cerca de la frontera con Uzbekistán. Turkestán está a unos 200 kilómetros de Shymkent, donde estuvimos dos días y desde la que visitamos el mausoleo en una excursión de un día, y a más de 800 kilómetros de Almaty. Turkestán es una ciudad media de Kazajistán, con una población de algo más de 200.000 habitantes. El mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi se encuentra a las afueras del centro de Turkestán, al lado de la carretera principal que conecta a la ciudad con Shymkent. Además del mausoleo, la zona tiene varias mezquitas, otros pequeños mausoleos, hoteles cercanos, restaurantes y un moderno centro comercial. Así, la zona está muy pensada en el turista y está llena de sitios de interés y amenidades para complementar la visita al mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi. Cómo visitar el mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi desde Shymkent La ciudad de Turkestán, donde se ubica el mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi, se encuentra en el sur de Kazajistán, muy cerca de la frontera con Uzbekistán. Está a unos 200 kilómetros de Shymkent —donde estuvimos dos días y desde la que hicimos la visita en una excursión de jornada completa— y a más de 800 kilómetros de Almaty. El mausoleo se encuentra a las afueras del centro de Turkestán, junto a la carretera principal que conecta con Shymkent. Turkestán es una ciudad media, con más de 200.000 habitantes. Además del mausoleo, en la zona hay otros pequeños mausoleos, mezquitas, hoteles, restaurantes y un centro comercial moderno: un entorno muy preparado para el viajero, aunque aún poco masificado. Información clave 📍 Distancia entre Shymkent y Turkestán: 200 kilómetreo (aproximadamente 1 h 30′) 🚌 Transporte: mashrutka desde la estación de Samal o Bekjan de Shymkent 💰 Precio orientativo: 1.500 tenge (~3 €) solo ida 🕓 Frecuencia: salen cuando se llenan (desde my pronto por la mañana) 💡 Consejo: lleva efectivo; los locales pagan con la app Kaspi Cómo ir por libre de Shymkent a Turkestán Te explicamos paso a paso cómo puedes desplazarte desde el centro de Shymkent a Turkestán: Cómo volver de Turkestán a Shymkent Una vez visites el mausoleo y te canses de hacerle fotos, toca desandar el camino y viajar de Turkestán a Shymkent. Te contamos cómo viajar por libre de Turkestán a Shymkent: El viaje por libre de Shymkent al mausoleo Khoja Ahmad Yasavi de Turkestán requiere de un poco de experiencia viajera, ya que hay que navegar entre varios transportes y desplazarse también a pie algunos tramos, además de lidiar con kazajos desacostumbrado al trato con el viajero y que no hablan inglés. Por eso, si lo prefieres, los tours privados ofrecen una experiencia más cómoda y personalizada, aunque desde luego menos económica y auténtica. Información práctica sobre el mausoleo Calcula que necesitarás unas dos horas para recorrer con calma todos los puntos de interés del recinto. El mausoleo de

Guía de viaje a Shymkent: qué ver en la ciudad más sureña de Kazajistán

El cartel de la ciudad de Shymkent en la calle Arbat, en Kazajistán

Shymkent —también escrita como Chimkent o Shimkent— es la tercera ciudad más grande de Kazajistán, y quizá una de las más sorprendentes. Puede que no tenga tantos monumentos icónicos como Almaty o Astaná, pero ofrece una inmersión en la Kazajistán más auténtica y fronteriza. Con su calor que aprieta y su asfalto que brilla, Shymkent nos sirvió como puente entre las dos grandes capitales y, sobre todo, como base ideal para visitar Turkestán y el majestuoso Mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi en una excursión de un día. Shymkent es una ciudad imperfecta y vibrante, una Kazajistán sin filtros. 📌 Shymkent en cuatro pinceladas Carácter Abierta, hospitalaria, desaseada y sonriente, con un ritmo de vida más pausado que Almaty y Astaná. Ambiente Caótica y llena de vida, con un punto desordenado que puede recordar a Nápoles, por ejemplo. Ubicación En el sur de Kazajistán, a 100 kilómetros de Tashkent, la capital de Uzbekistán. Diversidad Es una ciudad mestiza, con un 20 % de población de origen uzbeko, muy presente en su gente, los bazares y la comida. Mapa interactivo de Shymkent: qué ver, alojamiento y dónde comer Antes de que revises en detalle toda la información de nuestra guía para viajar a Shymkent, hemos preparado un mapa interactivo de la ciudad con todos los puntos clave para que puedas orientarte de la mejor manera. Aquí ubicarás los monumentos y visitas imprescindibles, restaurantes y hoteles. Esta mapa interactivo visual te ayudará a planificar tu visita a Shymkent de la forma más práctica. Qué ver en Shymkent: las 5 mejores visitas y atracciones turísticas Shymkent es la gran ciudad del sur de Kazajistán, un cruce de caminos donde conviven bazares, parques arbolados, mezquitas y museos. Con su aroma tradicional, Shymkent mantiene el pulso de las ciudades de frontera. Aquí recogemos 5 lugares imprescindibles que ver en Shymkent, pensados tanto para quienes hacen una parada de paso entre Almaty y Astaná como para quienes quieren descubrir con calma el carácter más auténtico del sur del país. El parque Abay, el gran pulmón del centro El parque Abay es el principal espacio verde del centro de Shymkent. Su nombre homenajea al poeta y filósofo Abay Qunanbaiulı, figura clave de la cultura kazaja. En el corazón del parque hay un memorial de la Segunda Guerra Mundial. Es un lugar de paso y ocio para los locales y, además, alberga cafeterías y restaurantes. La calle Arbat, la arteria que hay que pasear en Shymkent La calle Arbat es uno de los lugares que hay que ver —y sobre todo pasear— en Shymkent. Peatonal y muy viva de día y de noche, concentra murales y un parque de atracciones entre cutre y sugerente imposible de ignorar. También reúne buenas opciones de restauración y la mejor instantánea del pulso urbano de Shymkent. El parque de la Independencia, símbolo de la Shymkent moderna Al sur de la ciudad se ubica el parque de la Independencia, un enorme espacio inaugurado en 2011 para homenajear los 20 años de independencia del país. Desde el gran arco de entrada hasta su monumento a la unidad de las 137 nacionalidades —con bandera y fuentes—, todo aquí habla de la construcción contemporánea de Kazajistán. La Mezquita Ordabasy, uno de los principales templos religiosos Frente al parque de la Independencia se encuentra la mezquita Ordabasy, una de las más importantes de Shymkent y la mejor situada para el viajero. Es céntrica y está bien conectada, con lo que es perfecta para incluirla en una visita de un día a Shymkent. Hay mezquitas mayores, pero quedan más alejadas. El Bazar Qyrgy, la energía y el ajetreo de la ciudad Los bazares kazajos son un hervidero de vida, sobre todo por la mañana. En Shymkent, el Bazar Qyrgy, cerca del parque de la Independencia, es la mejor manera de familiarizarse con el ajetreo y la rutina local. También hay grandes bazares en Bekjan y Samal —junto a las estaciones de bus—, aunque más alejados del centro. Dónde alojarse en Shymkent: mejores zonas y hoteles Shymkent es una ciudad algo dispersa y sin un centro histórico bien delimitado, por eso elegir bien la zona donde dormir puede marcar la diferencia. Aunque no es una ciudad turística —la mayoría de los visitantes vienen por trabajo—, hay un puñado de hoteles cómodos y funcionales en áreas bien ubicadas para explorar lo esencial. Nuestra recomendación en Shymkent: el Aidana Plaza Hotel Ubicación Zona céntrica de Shymkent, al lado del parque Abay, perfecta para explorar la ciudad a pie. Valoración Hotel bien atendido, muy limpio y con excelente relación calidad-precio. Precio orientativo 💰 45 €/noche (habitación individual). Consejo práctico Reserva con antelación: hay poca oferta hotelera de calidad y muchos hoteles se llenan entre semana con viajeros de negocios. Dónde comer en Shymkent: restaurantes recomendados Como buena ciudad media, Shymkent tiene algunos buenos restaurantes en los que puedes explorar lo más sabroso de la gastronomía de Kazajistán. Eso sí, son restaurantes muy poco adaptados al turista: la carta casi siempre está solo en los idiomas locales y es difícil encontrar alguien que te atienda en inglés. En cualquier caso, los habitantes de Shymkent son amables y procuran ayudar en todo. Nombre Tipo de comida Rango de precios Zona Restaurante Barvilla Kazaja e internacional ≈ 10 € por persona Parque Abay Café Kimchi Coreana ≈ 12 € por persona Parque de la Independencia Madlen Turca y de fusión Rango medio Avenida Tauke Khan Mega Center Cadenas internacionales Variable Cerca de avenida Tauke Khan Qué hacer en los alrededores de Shymkent: excursión al mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi de Turkestán Una de las mejores excursiones que puedes hacer desde Shymkent es visitar el mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi, en Turkestán. Situado a unos 200 kilómetros de la ciudad, es uno de los grandes monumentos históricos de Kazajistán y Patrimonio de la Humanidad por UNESCO. ✍️ Descubre la guía completa del mausoleo de Khoja Ahmad Yasavi: su historia, curiosidades y todos los consejos prácticos para visitarlo. Cómo ir de Shymkent al mausoleo de Turkestán 🗺️ Información

Viaje a Rajastán: guía completa para un itinerario de dos semanas

El desierto a las afueras de Jaisalmer al atardecer, un imprescindible de cualquier viaje a Rajastán

Lleno de historia y belleza, el estado de Rajastán es una de las regiones más visitadas de la India. Situado en el noroeste del país, haciendo frontera con Pakistán, su cercanía con la capital (aquí puedes ver nuestras recomendaciones sobre Delhi) y con Agra (y el Taj Mahal), hacen que se incluya en casi todas las rutas iniciáticas por la India. Sin ir más lejos, el superficial y acelerado Triángulo de Oro completa el circuito de Delhi y Agra con la capital de Rajastán, Jaipur. A partir de ahí, todos los viajes por el norte del país pasan en algún momento u otro por alguna de las ciudades de la región. ¿Quieres saber cómo organizar tu viaje a Rajastán? En este artículo te ayudamos con una guía completa basada en nuestro viaje a Rajastán de 2019, con toda la información revisada y actualizada a fecha de 2024. Rajastán es territorio de tradiciones, de enfrentamientos históricos, de historia, de linajes dinásticos, de arquitectura exquisita, de bazares frenéticos, de fuertes colosales y de palacios de ensueño. En nuestro primer viaje por la India pasamos dos semanas enteras recorriéndolo, desde Jaipur hasta Jaisalmer, pasando por Púshkar, Udaipur y Jodhpur. De esa experiencia nace este post, en el que compartimos nuestro viaje a Rajastán, el itinerario que seguimos y tratamos de recomendaros qué hacer y visitar, dónde comer y alojarse y cómo desplazarse. Nuestro itinerario de dos semanas de viaje a Rajastán Partamos de la base de que se llega a Rajastán desde Delhi, que es lo más habitual. Si es el caso, la primera ciudad importante de Rajastán desde la capital del país es Jaipur, capital en este caso del estado. Hay gente, sin embargo, que prefiere empezar por lo que fue nuestro final: Jaisalmer. Esta ciudad, famosa por su fuerte y sobre todo por sus excursiones al desierto de Thar, es la más alejada en distancia de Delhi. A la hora de organizar la ruta y el viaje a Rajastán es importante tener en cuenta las conexiones de las ciudades del estado con el que será el próximo destino en la India. Nosotros teníamos la suerte de que viajábamos sin rumbo definido ni billete de vuelta, con lo que el margen de maniobra y la capacidad para improvisar era mayor. En cualquier caso, si después de Rajastán hay que volver a Delhi no debería haber problema para encontrar la manera. Todas las grandes ciudades del estado tienen conexiones con la capital, ya sea en avión, en tren o en bus. En cambio, si se vuelve hacia otra ciudad del centro del país, como por ejemplo Agra, hay que ver desde qué puntos de partida se puede llegar directo y desde cuáles no. Jodhpur y Udaipur, por ejemplo, tienen trenes diarios que conectan con Agra. Si la intención es seguir hacia el sur, hacia Bombay, hay que tener presente que Udaipur es —entre las ciudades imperdibles de Rajastán— la más meridional. Si se quiere ir hacia el norte, hacia Amritsar, Rishikesh o Ladakh, entonces hay que prepararse para hacer algunas paradas intermedias. Esto, claro, si manejamos un presupuesto ajustado y mochilero. De lo contrario, basta con alquilar coche con conductor. Después de todos estos preliminares, os mostramos en el mapa cuál fue nuestro itinerario del viaje a Rajastán y el número de noches que pasamos en cada ciudad: ¿Fueron suficientes noches en cada ciudad? ¿Fueron demasiadas? A continuación detallaremos qué hicimos, qué visitamos y nuestra impresión de cada una de ellas, para que te hagas una idea de qué puedes encontrar y cuánto te puede interesar cada destino a la hora de organizar tu viaje a Rajastán. Además de estas cinco paradas habíamos previsto inicialmente pasar dos noches en Bundi, después de Púshkar y antes de Udaipur. Pero decidimos acortar y priorizar. Hay viajeros que aseguran que Bundi ha sido uno de los highlights de su viaje por India. Puede que lo sea, porque es una ciudad menos trillada, más tranquila y menos turística. Sus callecitas estrechas, su palacio, su fuerte y su ambiente relajado cautivan a más de uno. La región cuenta con más lugares que puedes incluir en tu viaje a Rajastán. Entre otros, el Parque Nacional de Ranthambore, cuatro horas al noreste de Jaipur, donde se pueden ver tigres en libertad. También la ciudad de Chittorgarh, a medio camino de Púshkar y Udaipur, que tiene el fuerte más grande de todo el país. Si te va el senderismo quizás deberías incluir en tu viaje a Rajastán el Monte Abu, la única estación de montaña de la región. La zona de Shekhawati es famosa por la belleza de sus havelis (mansiones tradicionales indias) y sus murales. La ciudad de Bikaner también es destino mochilero, y una buena alternativa a Jaisalmer para explorar el desierto. Además, Bikaner tiene un fuerte imponente y, sobre todo, es famosa por el templo de las ratas. Si se dispone de coche con conductor, habría que aprovecharlo para llegar al Chand Baori de Abhaneri. Jaipur, la ciudad rosa: qué ver, alojamiento, dónde comer y transporte Si vienes de Delhi y has visitado la zona de Chandni Chowk ya habrás conocido lo divertido y a la vez agobiante que puede resultar el caos indio. Un poco eso, y muchas otras cosas, es Jaipur, la capital del estado y punto de partida de cualquier viaje a Rajastán. Jaipur es devoradora a ratos: ruidosa, tiene un tráfico imposible y vendedores impertinentes. Hay que pelear cada rupia a los conductores de tuk tuk. Jaipur no da respiro y es curioso cómo disfrutas lo mucho que te fatiga. En el seno de la ciudad rosa, en el centro, los bazares son multitudinarios. Te topas con personas, vacas, camellos, coches, tuk tuks, motos, buses. Y al levantar la vista te encuentras alguno de los monumentos que la hacen famosa. Nosotros pasamos tres noches y dos días en la ciudad, suficientes para conocer los principales puntos de interés de Jaipur. Qué ver y qué visitar en Jaipur Así se conoce a la parte

Qué hacer en Creel y Barrancas del Cobre durante El Chepe

Vista panorámica de las Barrancas del Cobre en Chihuahua

Subirse a los vagones de El Chepe, uno de los pocos trenes de pasajeros de México, sirve de perfecta excusa para la visita al norteño estado de Chihuahua. En este post te contamos qué puedes hacer durante tu trayecto en El Chepe, y qué puedes visitar en Creel y en Barrancas del Cobre, dos de los principales puntos de interés del estado de Chihuahua. La información que ofrecemos está basada en nuestra experiencia a bordo de El Chepe en 2019, y está actualizada y revisada a fecha de 2024. Como complemento, te invitamos a leer el artículo en el que te contábamos nuestra experiencia a bordo del tren, en una suerte de crónica de ambiente que incluye algunas cuestiones prácticas y logísticas a tener en cuenta para viajar en El Chepe. Las tres paradas más importantes de El Chepe El Fuerte Desde Los Mochis, punto de partida en Sinaloa de El Chepe, El Fuerte es la primera parada importante del recorrido. Nosotros la pasamos de largo por falta de tiempo. En cualquier caso, si se dispone de varios días para hacer El Chepe, apearse aquí debería ser una opción a tener en cuenta. A El Fuerte se llega dos horas después de haber iniciado el viaje en tren desde Los Mochis. El municipio, de unos 10.000 habitantes, se encuentra todavía en el estado de Sinaloa y es uno de los grandes reclamos turísticos de la región y de El Chepe, ya que junto a Creel y Barrancas del Cobre ofrece una gran diversidad de actividades que hacer como complemento al recorrido en tren. El pueblo presume de la denominación turística más preciada del país: la de pueblo mágico. Esta etiqueta, concedida por el Gobierno de México, es una especie de garantía de que el lugar tiene interés turístico. Sus edificios religiosos, la naturaleza que le rodea y la marcada presencia de elementos de los indígenas yoreme son sus grandes reclamos. Eso sí, hay que tener presente que si la idea es volver a subirse al tren y seguir el camino hacia el norte habrá que revisar los horarios, pues El Chepe no necesariamente pasa en días consecutivos, especialmente El Chepe Regional. En la web oficial se puede ver el calendario de salidas de 2024 de El Chepe Express y los horarios de El Chepe Regional. Divisadero Tomando de nuevo como referencia la partida desde Los Mochis, Divisadero se encuentra aproximadamente a mitad de camino hasta Chihuahua. Podría considerarse la más turística de las paradas, porque sirve de puerta de acceso a las Barrancas del Cobre, el principal punto de interés de la región. En cualquier caso, Divisadero no es más que el nombre de la estación. No tiene siquiera forma de pueblo como tal, aunque es cierto que tiene una infraestructura hotelera y turística muy bien desarrollada. Divisadero es la elección habitual de los que quieren conocer Barrancas del Cobre, aunque hay que hacer más kilómetros para llegar hasta Creel. Lo habitual es hacer noche aquí. En la estación hay puestos de comida donde es obligatorio probar las gorditas, el platillo más característico. Pero más allá de degustar esta especie de taco abierto por la mitad (conoce más sobre algunos de nuestros preferidos de la gastronomía mexicana aquí) y trastear souvenirs entre los tenderetes montados de manera apresurada —algunos por indígenas tarahumaras— no hay mucho más que hacer en el pueblo. Su único sentido de ser, el motivo por el que existe, son las Barrancas del Cobre y la explotación que se ha hecho de ellas en forma de parque de aventuras. Pero esta visita se puede hacer desde Creel sin problema. De hecho, para los que manejen un presupuesto ajustado es lo que recomendamos: seguir hasta Creel, donde se puede encontrar alojamiento más económico, y venir a Divisadero y las Barrancas del Cobre de excursión un día. Creel El mejor lugar desde el que explorar la zona. Nosotros hicimos tres noches aquí. Contando que el primer día es de trayecto, pues se tarda unas nueve horas en llegar desde Los Mochis, los otros dos se utilizan para hacer dos excursiones. Creel es un pueblito muy pequeño, de una calle y dos plazas, pero muy bien acondicionado para los muchos pasajeros de El Chepe que recibe. Hay alojamientos para todos los gustos y bolsillos, dos o tres restaurantes más que decentes, una oferta amplia de guías y excursiones turísticas por los alrededores, animación constante y encanto a raudales. Como El Fuerte, Creel también está orgullosamente catalogado como pueblo mágico y presume, pese a sus escasos 5.000 habitantes, de ser la capital oficiosa de la Sierra Tarahumara donde se encuentra enclavado. Su historia está muy ligada a dos elementos que la han definido y dibujado: el ferrocarril y los indígenas tarahumaras. La cercanía con varios de los elementos naturales más bonitos del estado han hecho el resto para convertirlo en el mejor lugar para hacer base y explorar la zona. Nuestro consejo, pues, es hacer base en Creel para que podáis explorar también Barrancas del Cobre. Otras paradas En función de El Chepe que abordéis, tendréis más opciones de deteneros en otras estaciones intermedias o no. Si habéis comprado billete en el Express solo llegaréis hasta Creel, como lejos, y El Fuerte, Bahuichivo y Divisadero son las únicas paradas que le preceden. Sin embargo, El Chepe Regional, el más barato y más auténtico, hace el recorrido completo hasta la ciudad de Chihuahua, capital del estado homónimo. Y viceversa, claro. Entre medio hay varias paradas más, que solo utilizan en la práctica los locales que sí toman el tren como medio de transporte y no como medio de turismo. Témoris, San Rafael y Cuahtémoc son algunas de las estaciones intermedias. Cuahtémoc tiene cierto interés, y podría ser una parada interesante de una noche —o incluso de unas horas—, pero la escasa frecuencia del tren la convierte en estaciones simplemente de paso. Bahuichivo se incorporó recientemente como parada de El Chepe Express y también es un lugar recomendable para explorar, en el que